Después de entender qué es la ansiedad, muchas personas se hacen una pregunta muy común:
Si sé que no es peligrosa… ¿por qué sigue apareciendo?
La respuesta suele estar en algo que todos hacemos de manera automática cuando sentimos malestar: intentar quitarnos la ansiedad lo antes posible.
Es una reacción completamente comprensible. Nadie quiere sentirse inquieto, preocupado o en tensión. Sin embargo, algunos de los intentos que utilizamos para aliviarla pueden terminar manteniéndola en el tiempo.
Cuando aliviar el malestar se convierte en un problema
Cuando aparece la ansiedad, es natural buscar formas de sentirnos mejor. Para conseguirlo, a veces:
- evitamos situaciones que nos generan inquietud
- dejamos para más adelante lo que nos preocupa
- buscamos distraernos constantemente
- intentamos no pensar en lo que sentimos
Estas estrategias suelen funcionar al principio. La ansiedad disminuye y sentimos alivio.
El problema es que ese alivio suele ser temporal.
Sin darnos cuenta, el cerebro aprende algo importante:
“Si evito esto, estoy más seguro.”
Y la próxima vez que aparezca una situación parecida, la alarma puede activarse antes y con más intensidad.
El círculo que mantiene la ansiedad
Con el tiempo puede formarse un patrón que muchas personas reconocen.
- Aparece una situación que genera malestar
- Se activa la ansiedad
- Evitamos, posponemos o escapamos
- Sentimos alivio inmediato
- El cerebro interpreta que la situación era peligrosa
- La próxima vez la ansiedad aparece antes o con más intensidad
Lo que parecía una solución rápida termina alimentando el mismo problema que queremos evitar.
La ansiedad no crece por lo que sentimos, sino por cómo respondemos
No es la emoción en sí lo que hace que la ansiedad se mantenga, sino los intentos constantes de eliminarla.
Cuanto más luchamos por no sentirla, más atención le prestamos.
Cuanto más evitamos determinadas situaciones, menos oportunidades tiene el cerebro de comprobar que sí podemos afrontarlas.
Por eso muchas personas sienten que, con el tiempo, la ansiedad empieza a ocupar cada vez más espacio en su día a día.
Comprender este proceso es el primer paso para cambiarlo
La clave no está en forzarse ni en enfrentarse de golpe a todo lo que genera miedo.
Se trata, más bien, de empezar a relacionarse con la ansiedad de otra manera, sin intentar eliminarla inmediatamente.
Cuando dejamos de huir y empezamos a responder con más calma y comprensión, el sistema de alerta puede ir recuperando poco a poco su equilibrio.
En el siguiente artículo veremos qué estrategias pueden ayudar en el día a día para atravesar la ansiedad de forma más saludable y cuándo puede ser útil buscar apoyo profesional.



